El cine de terror no siempre grita. A veces susurra, se retuerce y te deja con una sensación pegajosa que no se va ni con la luz encendida. Para quienes buscan algo más allá del susto fácil, estas dos películas contemporáneas son visitas obligadas. No prometen comodidad. Prometen obsesión.
Cat Sick Blues
Dir. Dave Jackson
Desde Australia llega esta joya incómoda que mezcla terror psicológico, gore artesanal y una tristeza que se siente enferma. Cat Sick Blues sigue a un joven marginado cuya obsesión con los gatos muertos lo arrastra a un descenso brutal hacia la violencia y el aislamiento.
No es una película para todos. Su estética es cruda, casi sucia, con una narrativa que parece construida desde la obsesión misma del personaje. Aquí el horror no viene de monstruos externos, sino de la soledad, el duelo y una mente que se rompe en cámara lenta.
Es cine de terror DIY, heredero del espíritu grindhouse y del horror underground, donde cada escena parece decirte: “esto no debería existir… pero existe”. Ideal para quienes disfrutan el terror extremo con fondo emocional y cero concesiones.
Good Boy
Dir. Viljar Bøe
Si el terror social y psicológico es lo tuyo, Good Boy juega en una liga inquietante. La historia arranca como un drama romántico extraño y lentamente se transforma en algo profundamente perturbador. Una cita, una casa elegante, un hombre encantador… y un secreto que no debería ser aceptable, pero lo es. Al menos para algunos.
La película explora la dinámica de poder, la dependencia emocional y los límites morales con una calma que asusta más que cualquier sobresalto. No hay sangre gratuita. Hay miradas largas, silencios incómodos y una sensación constante de que algo está mal… aunque nadie quiera decirlo en voz alta.
Good Boy es terror moderno, minimalista, europeo, donde el verdadero miedo nace de lo que somos capaces de normalizar.
¿Por qué deberías verlas?
Porque ambas películas demuestran que el terror sigue mutando.
Porque no buscan gustarte, sino quedarse contigo.
Porque hablan de obsesión, soledad y relaciones tóxicas desde lugares radicalmente distintos, pero igual de incómodos.
Si eres fan del cine de terror que se arriesga, que incomoda y que no te trata como espectador pasivo, estas dos películas merecen un lugar en tu lista. No saldrás ileso. Y de eso se trata.


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